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CARUSO PARA SURRIENTO - LADY HAGUA

lunes, 9 de noviembre de 2015

UN GRITO POR TODAS ESAS MUJERES MUERTAS A MANOS DE HOMBRE



STOP CRIMES OF WOMEN
Stop crimes of women
Let’s the flower grow
In the paradise

Stop crimes of women
Stop crimes of women
Let’s children live in peace

Stop crimes of women
Stop crimes of women
Let’s the trees grow
In the greenish wood

Stop crimes of women
Stop crimes of women
In the whole world
In our blue planet

Stop crimes of women
Stop crimes of women
Not more hate
Not more destruction
 Aaaaaaaa aaaaaaaa
Please don’t fight
Please don’t fight
Stop war
Oooooooooooooooooo

Stop crimes of women
Stop crimes of women
Let´s life in harmony
Let´s live in peace

Stop crimes of women
Stop crimes of women
Look how pretty
And blue is the sea

Stop crimes of women
Stop crimes of women
Life is  a holy treasure

Stop crimes of women
Stop crimes of women
Please respect
The human’s rights
Stop crimes of women
Stop crimes of women
Aaaaaaaaa aaaaaaaaa
Songwriter Lady Hagua



M.Carmen Diez Colorado




Un grito por todas estas mujeres muertas a manos de hombres. Este mantra lo escribi, despues de ver unas manifestaciones de mujeres indues, tras la muerte de una joven a manos de hombres, al parece esto ocurre en todo el mundo y es muy triste y grave, la cancion dice y repite: - Dejen de matar mujeres.

miércoles, 19 de agosto de 2015

INTRODUCCION SINFONICA - GUSTAVO ADOLFO BECQUER



INTRODUCCIÓN SINFÓNICA

Por los tenebrosos rincones de mi cerebro, acurrucados
y desnudos, duermen los extravagantes hijos de mi fantasía, duermen
por los tenebrosos rincones de mi cerebro, acurrucados y desnudos, esperando
en el silencio que el Arte los vista de la palabra, para poderse presentar
decentes en la escena del mundo.

Fecunda, como el lecho de amor de la Miseria, y parecida
a esos padres que engendran más hijos de los que pueden alimentar,
mi Musa concibe y pare en el misterioso santuario de la cabeza, poblándolo
de creaciones sin número, a las cuales ni mi actividad ni todos
los años que me restan de vida serían suficientes a dar forma.

Y aquí, dentro, desnudos y deformes, revueltos
y barajados en indescriptible confusión, los siento a veces agitarse
y vivir con una vida obscura y extraña, semejante a la de esas miríadas
de gérmenes que hierven y se estremecen en una eterna incubación,
dentro de las entrañas de la tierra, sin encontrar fuerzas bastantes
para salir a la superficie y convertirse, al beso del sol, en flores y
frutos.


Conmigo van, destinados a morir conmigo, sin que de ellos
quede otro rastro que el que deja un sueño de la medianoche, que
a la mañana no puede recordarse. En algunas ocasiones, y ante esta
idea terrible, se subleva en ellos el instinto de la vida, y agitándose
en terrible, aunque silencioso tumulto, buscan en tropel por dónde
salir a la luz de las tinieblas en que viven. Pero ¡ay!, que entre
el mundo de la idea y el de la forma existe un abismo, que sólo
puede salvar la palabra, y la palabra, tímida y perezosa, se niega
a secundar sus esfuerzos. Mudos, sombríos e impotentes, después
de la lucha inútil lucha vuelven a caer en los surcos de las sendas,
si cae el viento, las hojas amarillas que levantó el remolino.

Estas sediciones de los rebeldes hijos de la imaginación
explican algunas de mis fiebres; ellas son la causa, desconocida para la
ciencia, de mis exaltaciones y mis abatimientos. Y así, aunque mal,
vengo viviendo hasta aquí, paseando por entre la indiferente multitud
esta silenciosa tempestad de mi cabeza. Así vengo viviendo; pero
todas las cosas tienen un término, y a éstas hay que ponerles
punto.

El Insomnio y la Fantasía siguen procreando en
monstruoso maridaje. Sus creaciones, apretadas ya como las raquíticas
plantas de vivero, pugnan por dilatar su fantástica existencia,
disputándose los átomos de la memoria como el escaso jugo
de una tierra estéril. Necesario es abrir paso a las aguas más
profundas, que acabarán por romper el dique, diariamente aumentadas
por un manantial vivo.


¡Andad, pues; andad y vivid con la única
vida que puedo daros! Mi inteligencia os nutrirá lo suficiente para
que seáis palpables. Os vestirá aunque sea de harapos, lo
bastante para que no avergüence vuestra desnudez. Yo quisiera forjar
para cada uno de vosotros una maravillosa estrofa tejida de frases exquisitas,
en la que os pudierais envolver con orgullo, como en un manto de púrpura.
Yo quisiera poder cincelar la forma que ha de conteneros, como se cincela
el vaso de oro que ha de guardar un preciado perfume. ¡Mas es imposible!

No obstante, necesito descansar; necesito, del mismo modo
que se sangra el cuerpo por cuyas hinchadas venas se precipita la sangra
con pletórico empuje, desahogar el cuerpo, insuficiente a contener
tantos absurdos.

Quedad, pues consignados aquí, como la estela nebulosa
que señala el paso de un desconocido cometa; como los átomos
dispersos de un mundo en embrión que aventa por el aire la muerte
antes que su Creador haya podido pronunciar el Fiat Lux que separa la claridad
de las sombras.


No quiero que en mis noches sin sueño volvaís
a pasar por delante de mis ojos, en extravagante procesión, pidiéndome
con gestos y contorsiones que os saque a la vida de la realidad, del limbo
en que vivís semejantes a fantasmas sin consistencia. No quiero
que al romperse esta arpa vieja y cascada ya se pierdan, a la vez que el
instrumento, las ignoradas notas que contenía. Deseo ocuparme un
poco del mundo que me rodea, pudiendo, una vez vacío, apartar los
ojos de este mundo que llevo dentro de la cabeza. El sentido común,
que es la barrera de los sueños, comienza a flaquear, y las gentes
de diversos campos se mezclan y se confunden. Me cuesta trabajo saber qué
cosas he soñado y cuáles me han sucedido; mis afectos se
reparten entre fantasmas de la imaginación y personajes reales;
mi memoria clasifica revueltos nombres y fechas de mujeres y días
que no han existido sino en mi mente. Preciso es acabar arrojándoos
de la cabeza de una vez para siempre.


Si morir es dormir, quiero dormir en paz en la noche de
la Muerte, sin que vengáis a ser mi pesadilla, maldiciéndome
por haberos condenado a la nada antes de haber nacido. Id, pues, al mundo,
a cuyo contacto fuisteis y quedad en él como el eco que encontraron
en un alma que pasó por la tierra sus alegrías y sus dolores,
sus esperanzas y sus luchas.

Tal vez muy pronto tendré que hacer la maleta para
el gran viaje; de una hora a otra puede desligarse el espíritu de
la materia para remontarse a regiones más puras. No quiero, cuando
esto suceda, llevar conmigo, como el abigarrado equipaje de un saltimbanqui,
el tesoro de oropeles y guiñapos que ha ido acumulando la fantasía
en los desvanes del cerebro.

Gustavo Adolfo

Bécquer